jueves, 19 de enero de 2017

LA CASA TRADICIONAL LOS PEDROCHES


        
            Tiene una planta rectangular, y un amplio pasillo central a cuyos lados se sitúan las habitaciones. A cada par de habitaciones emplazadas frontalmente a ambos lados del pasillo se les da el nombre de “cuerpos”.


            Así, las casas más frecuentes y tradicionales suelen contar normalmente con tres cuerpos aunque existen, desde luego, casas con mayor y menor número de estos cuerpos.

            En las casas de construcción antigua, la distribución es muy sencilla y se articula en torno al pasillo central. A cada uno de sus lados se colocan las habitaciones, pero en la estancia central del lado derecho se instala una amplia cocina con una enorme chimenea de campana, aunque donde se solía cocinar, curiosamente, era en la cocinilla, dependencia situada por lo general en el patio y detrás de la cual se hallaba el corral con el retrete, el gallinero y la cuadra.
 


            Sobre la planta baja se alza la cámara, de escasa altura, sostenida por cuatro gruesos pilares interiores y dividida su planta en trojes. Se utilizaba indistintamente  como despensa o almacén de cereales. Se accedía a la misma por una escalera interna, situada generalmente sobre la última habitación del lado izquierdo de la planta baja según se entra en la casa.
           

            En la fachada exterior, completamente encalada, se sitúa la portada, formada por cuatro grandes bloques de piedra de granito, correspondientes al dintel, las dos jambas laterales y el batiente de aguas, que por aquí se le dice “el batior”.


            A cada lado de la portada se dispone una ventana y en la parte superior, correspondiente a la cámara, se hallan generalmente otras tres ventanas de tamaño reducido, o una sola en casas más pequeñas o de menor altura.
           

            En las casas más antiguas, el pasillo constituye una especie de vereda central, empedrada, para facilitar el paso de animales de labranza, y se bordea el mismo con bandas laterales de toscas baldosas.
 


            El tejado está construido con vigas de encina y con un entramado de espesos palotes, de madroño  o caña, llamados tiguillos, sobre los que se colocaban  capas de jara y barro y finalmente las tejas de tipo  árabe.

            A partir del siglo XIX, la separación entre la planta baja y la cámara se realiza empleando bóvedas de cuatro aristas, en el pasillo y en todas las habitaciones.

            Desde los años sesenta del siglo XX, la vivienda tradicional está experimentando una profunda transformación y renovación, cambiando su antigua función eminentemente agrícola, modificando su disposición para hacerla más utilitaria, mejorando sus condiciones higiénicas y su comodidad interior.


De un trabajo de Juan Castro García

martes, 25 de octubre de 2016

“Asistencia sanitaria en Jesús Nazareno. La farmacia del Hospital”, a cargo del Profesor e Historiador y socio de “Piedra y Cal” D. José Luis González Peralbo.





El próximo viernes, día 28,  a las 20’30 horas y después de una visita a  Nuestro Padre Jesús en su capilla tendrá lugar en  la Casa de Hermandad  de la Hermandad de Jesús Nazareno de Pozoblanco, -C/ Rafael Carrasco Recena s/n-;  la conferencia titulada “Asistencia sanitaria en Jesús Nazareno. La farmacia del Hospital”, a cargo del Profesor e Historiador y socio de “Piedra y Cal” D. José Luis González Peralbo.




lunes, 10 de octubre de 2016

CRUCES DE GRANITO





Estas cruces tienen su origen, según opinión generalizada, en la proliferación en nuestra comarca de las cofradías de la Vera Cruz, circunstancia que trajo consigo el establecimiento en las calles de sus pueblos de recorridos de vía crucis penitenciales y cuyas estaciones se señalaban,  precisamente, con estas cruces de granito,  culminando en los llamados calvarios que se acostumbraban a colocar en las afueras.
           


Otras, simplemente se erigían para recordar sucesos ocurridos en algún punto concreto, las más suelen señalar lugares donde ocurrieron accidentes mortales, pero algunas no se ajustan a este cometido, como la cruz del Doctor o la del Credo, colocada ésta última en el  lugar en que por última vez se divisan las casas de Pozoblanco, yendo por el antiguo camino a Córdoba, hoy carretera de Villaharta, y donde los quintos que marchaban a incorporarse al ejército se detenían para  rezar un Credo.

           

Desde siempre estas cruces han gozado del fervor popular, existiendo variada documentación que atestigua su existencia y procedencia, así, sabemos que la Cruz del Cerro existía ya antes de 1600, y que la cruz colocada en el camino real a Pedroche fue levantada en el año 1615. Y como anécdota podemos referir que  el 28 de octubre de 1923, el Ayuntamiento aprueba abonar 150 pesetas a Gonzalo de Torres por el traslado y colocación de la cruz central del cementerio viejo al sitio conocido con el nombre de la Cruz de Hierro, situado entre los caminos de Añora y Dos Torres.
           


Actualmente quedan repartidas entre diferentes rincones de nuestro pueblo una gran cantidad de estas cruces, repuestas en sus lugares de origen en el año 1940, ya que, anteriormente, el Ayuntamiento reunido en sesión plenaria, en el año 1936 y a petición de vecinos y regidores de la localidad, acordó: quitar las cruces y santos que existen en diferentes sitios de la población. Para finales de este año de 1940 ya habían sido repuestas nueve de ellas, realizadas por el maestro cantero Antonio Cardador.